Si algo me lastima, dejo que me hiera hasta lo más profundo. Dejo que perturbe todos mis sentidos. Dejo que el sentimiento me domine por un momento...
Porque el dolor es una corriente que jamás se va si le ponen frente una barerra y no se deja que fluya. El dolor jamás se va si no se expresa, si no se saca afuera, si no se arranca de adentro nuestro.
Es tan importante expresarnos, es tan importante no guardarnos lo que pensamos o sentimos, lo que queremos. Si lo guardamos nos herimos, nos hacemos mal, no nos dejamos ser. A veces lo que por alguna razón no nos animamos a decir, y llego a decir que a sentir, se nos vuelve en contra. Nos golpea fuerte, y no nos permite llorar, gritar, sacar afuera lo malo, desahogarnos por fin de esa angustia que llevamos dentro, esa angustia que nos consume.
No es malo permitirnos aprender del dolor. No existe una persona sin ningun problema en su vida. Una persona que nazca y muera llena de felicidad, sin ninguna vez haber vivido una tristeza, una desepción, un mal momento. Si nos planteamos que de lo malo siempre se saca algo bueno, hay que dejarnos vivir el dolor, tanto como la alegría. Estar tristes, pero al mismo tiempo, saber encontrar la solución, recomponernos, aprender y seguir caminando...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEl dolor, esa rara sensación que nos va consumiendo de a poco. Esa descarga de energía que es tan necesaria como tortuosa. Nadie se escapa de él. No podemos evitar conocerlo, pero si somos capaces de controlar su duración. Depende de nosotros, de que saquemos todo lo que nos quema por dentro, y así, poder liberarnos de esa condena, sin quedarnos con nada, como dice una canción: "...las palabras tienen filo, y a mi nadie me ha prohibido gritar..." Buen post Sofi!
ResponderEliminar