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martes, 3 de enero de 2012

Ella despidió a su amor, el partió en un barco en el Muelle de San Blas. El juró que volvería y empapada en llanto ella juró que esperaría. Miles de lunas pasaron y siempre ella estaba en el muelle esperando. Muchas tardes se anidaron, se anidaron en su pelo y en sus labios. Llevaba el mismo vestido y por si el volviera no se fuera a equivocar. Los cangrejos le mordían su ropaje, su tristeza y su ilusión. Y el tiempo se escurrió y sus ojos se le llenaron de amaneceres. Y del mar se enamoró y su cuerpo se enraizó en el muelle...
Sola, sola en el olvido.
Sola, sola con su espíritu.
Sola, sola con su amor el mar.
Sola, en el muelle de San Blas.

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